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El día que un sandinista se enfrentó a más de 300 guardias… ¡y venció!

El día que un sandinista se enfrentó a más de 300 guardias… ¡y venció!

¡Se el primero!

Al Comandante Julio Buitrago, el hombre que se enfrentó a un ejército, se le recuerda por una de las hazañas más extraordinarias en la lucha Sandinista.

Considerado desde entonces Padre de la Resistencia Urbana, a Julio Buitrago se le debe el cálculo matemático de 300 guardias por un sandinista.

Ofreció su vida en un combate en el que su principal arma fue el valor y ganó la batalla por haber inspirado la moral de un pueblo entero.

Esta acción se recuerda fácilmente por el hecho de haber permanecido en pie protegiendo su posición durante unas tres horas, pero existen algunos detalles que tal vez no conocías y podrías descubrir aquí.

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¿Por qué atacar una casa en la que había un solo hombre?

La Guardia Nacional no sabía con exactitud cuántas personas ocupaban la casa en ese momento.

Sin embargo, no esperaban tampoco encontrarse con una gran cantidad de guerrilleros, pues buscaban a uno en particular; al mismísimo Carlos Fonseca Amador, Comandante en jefe del movimiento al que Somoza tachaba de subversivo.

Tal como recuerda la Comandante Doris Tijerino en entrevista a El 19 Digital, la guardia se proponía encontrar a Carlos en aquella casa del lugar al que llamaban para ese entonces “Valle Maldito”. Por ese motivo el primer destacamento que llegó fue conformado por unos pocos militares.

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La guardia desató su ira contra un civil

Julio hirió a varios guardias, pero el primero en caer fue el que habría entrado a la casa luego de haber tirado abajo la puerta. La herida mortal le fue asestada desde el segundo piso, cuando este intentó aprender a la Comandante Doris, quien era la única que acompañaba al guerrillero junto a Gloria Campos y su pequeña hija de cuatro años.

Tijerino, cuenta que con sus últimas fuerzas, el guardia la habría sostenido y sus acompañantes lo habrían arrastrado a él junto con ella fuera de la casa, antes de que la tomaran prisionera y la empezaran a torturar.

Ella relata también que un joven panadero sería el segundo muerto no militar del enfrentamiento.

Mientras la Comandante Doris indicaba a Gloria que saliera por la parte de atrás, los guardias habrían visto e interpretado sus indicaciones como si tenía que huir a la casa continua y que ahí encontrarían más personas armadas.

Sin embargo, solo encontraron al joven, que asustado y medio dormido con el pantalón puesto al revés, fue llevado a la calle y ejecutado allí mismo.

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Transmitido en vivo

En su libro “La Montaña es más que una Inmensa Estepa Verde”, Omar Cabezas reconoce el error de la dictadura, cometido por haber transmitido en vivo a todo el país la masacre a Julio.

Esto habría sido la chispa que encendiera la conciencia revolucionarias de muchos más nicaragüenses y principalmente jóvenes que se unirían a la lucha.

El cinismo de Somoza lo habría hecho creer que cometía una hazaña “defendiendo la democracia por las armas” tal como vociferaba el reporte que fue transmitido durante varios días. sin embargo, había dejado entreabierta una nueva ventana por la que se filtraba la crueldad de su proceder.

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Tenía 35 años

Julio fue uno de tantos que sintió las desigualdades sociales en carne propia. Nació en Managua en 1944, humilde y consciente de la necesidad de procurar un cambio, se entregó desde niño al trabajo siendo conserje y vendedor de gaseosas.

Su militancia política inició mientras cursaba sus estudios en el Instituto Ramírez Goyena. Se integró al FSLN a los 20 años y luego pasó a ser directivo del icónico Frente Estudiantil Universitario, para finalmente ser el primer encargado de la resistencia urbana.

Cuando fue atacada la casa de seguridad en el barrio que hoy lleva su nombre, Julio tenía solo 35 años.

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Hizo retroceder al ejército con dos armas

Después de haber abatido al primer militar y hacer que se replegaran los demás, Julio se quedó solo dentro de la casa. Las armas que utilizó fueron una subametralladora M-3 que permanecía en la planta alta junto a unas cuantas granadas y un revólver calibre 38.

El entrenamiento que había recibido le permitió subir y bajar la casa de manera intermitente. A veces aparecía en las ventanas de abajo lanzando tiros de revolver y momentos después lanzaba ráfagas desde el segundo piso a través de cualquier recoveco.

De esta forma habría confundido a los agresores haciéndoles creer que eran muchos a los que enfrentaban. Según el compañero Rafael Amipié, responsable de la casa que hoy es museo en tributo al héroe, los guardias gritaban “nos están tirando granadas” y no se atrevían a acercarse más.

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Necesitaron un avión para cegar su vida

Los disparos hechos desde el avión fueron los que finalmente lograron impactarlo. Sin embargo, ni las tanquetas ni los rifles reparaban en reducir a escombros la vivienda.

La casa museo conserva todavía el piso de la segunda planta perforado por los proyectiles de gran calibre que atravesaron el cuerpo de Julio.

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Murió cantando el Himno Nacional

Herido de gravedad Julio recordó que su sacrificio fue en nombre de la patria. Cantó el Himno Nacional y exclamó con sus últimos aires un ¡Viva Sandino!.

Luego de manera imprevista saldría con la M-3 abriendo fuego frontal contra los atacantes quienes respondieron impactando varios proyectiles en su humanidad.

Los testigos que observaron como moría el hombre y nacía la leyenda, recuerdan que su rostro fue completamente borrado por la saña de los soldados.

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Guerrillero e intelectual

Como muchos de su generación Julio se convirtió prematuramente en intelectual debido a su causa. En declaraciones a este portal, el poeta Emilio Zambrana, asegura que la causa por libertar al pueblo del sometimiento físico e intelectual, lo convierte a él y a toda su generación intelectuales precoces.

Julio cargaba un libro en un brazo y el fusil en el otro. En la casa marcada por la metralla y las explosiones, una vitrina guarda varios textos que utilizó durante su tiempo como colegial y universitario, pero también un texto de Darío, héroe de la independencia cultural nicaragüense y precursor de antiimperialismo.

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Hizo real el grito de patria libre o morir

La expresión de gran contenido poético cobró seriedad y fue la muestra más clara del compromiso que había asumido el pueblo por la causa libertaria.

A partir del 15 de julio, para los guerrilleros sandinistas el grito de patria libre o morir cobró validez. Así lo afirmó el Comandante Edén Pastora a Multinoticias Canal 4, quien al igual que lo hiciera en su momento Leonel Rugama, lo considera como un ser semejante a un santo.

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